sábado, 4 de abril de 2009

Charles Baudelaire "La transformacion del vampiro"

La mujer mientras tanto, de su boca de fresa
retorciendose igual que una serpiente a la brasa,
y amasando sus pechos en el hierro de su ballena,
dejaba correr estas palabras, todo impregnadas de almizcle:
"- yo, tengo el labio húmedo, y se la ciencia
de perder en el fondo de un lecho, la antigua conciencia"
Seco todos los llantos en mis pechos triunfantes,
y hago reir a los viejos con la sonrisa de los niños.
¡Sustituyo para quien me vea desnuda y sin velos,
la luna, el sol, el cielo y las estrellas!
Soy, mi querido sabio, tan docta en voluptuosidades,
cuando ahogo a un hombre en mis brazos temidos
o cuando abandono a los mordiscos mi busto,
timida, libertina, y fragil y robusta,
que sobre estos colchones que se pasman de emocion,
los angeles impotentes se condenarian por mi!Cuando ella hubo de mis huesos succionado toda la medula,
y que languidamente me volvia hacia ella
para rendirle un beso de amor, yo no vi más
¡Que un pellejo de flancos viscosos, todo lleno de pus!
cerre los ojos, en mi frio horror
y cuando los reabrí a la claridad viviente
a mi alrededor, en lugar del maniqui potente
que parecia haber hecho provision de sangre,
temblaban cofusamente los despojos de esqueleto,
que de ellos mismo exhalaban el grito de una veleta,
o de una enseña, al extremo de un vastago de hierro,
que balancea el viento durante las noches de invierno.