martes, 14 de octubre de 2008

Al mundo le falta un tornillo




1933



Música: José María Aguilar

Letra: Enrique Cadícamo





Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao...
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar...
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico...
¿Pa' qué, che viejo?
Pa' ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?... ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa' ver si lo puede arreglar.

jueves, 25 de septiembre de 2008

otro cadaver, hecho con andy!!! capo!

todos los colores, la foto, la luz, el sol, los paisajes, que me prometieron son un repugnante cuento de hadas cuento q solo con la esperanza de un mundo hutopico hace a los infelices más felices aunque solo superficialmente. Maldigo aquellos idiotas q creen en la ley del mas fuertey a aquellos cobardes que al mostrarse indulgentes la apruebanpermitiendo la proliferacion de este virus infeccioso de la autodestruccionalejandome velozmente de estos canallas que sólo viven de carroñaproducto la de las muerte eh inmundicias creadas por su abariciatomo distancia para del otro lado apuntarles y quebrar sus aquerosa alma corrompida por el imperio capitalista q nos domina y explota a más no poder. Junto a los míos, luchadores del pueblo. Aquellos q anelan una sociedad con memoria y justiciosa, los que nunca callamos y humanamente nos levantamos contra las injurias de los poderosos pidiendo, exigiendo lo que para nosotros es una necesidad colectiva y le arrebataremos sin tregua.

cadaver de 10 letra c/u pin pon de nuevo

La humedad no solo penetraba mi pared también mi cuerpotambalaeante e inseguro, que al compás de las sombras deseabaanhelaba y queria algo confuso y extraño como mi mente enpantanada por el hedor venenoso que inexorablemente me conducía amis acciones de inercia y desconcierto. Agarre el telefono estemomento se me hace inolvidable, lloré y tartamudeé un pocoConcrete el encuentro con un sentimiento de ansiedad y fracaso pero arrancandome el alma por haber deseado tu muerte maldecími egoismo y mi ser ya decrepito que solo pensabaposeer tu belleza, tu carne y tu sexo hasta rompertela clavicula esa misma que tanto me obsesionaba, tu claviculaenferma que ahora marchita y en piezas produce en miganas de saborearla y atragantarme con la misma hasta encontrarte nuevamente. solo deseaba que mueras y extirparte del infiermo que vivimos para encontrarte nuevamente a vos y a tu hermosa clavicula convertida otra vez en una joven quinceañera que seduciendomeme encandilaba hasta dejarme tan ciego que deseaba renacer contigopero mentiste; levante un tomate y lo creí una flor.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Cadaver Esquisito - Pin pon de 10 palabras c/uno

las balas mosquitos penetran el aire reduciendo la distancia entre
los buenos y los malos, rebotan estruendosas en mis oidos
se agazapan en mi timpano buscando franco a su tortuoso
destino, y cayendo al piso se pliegan los muertos en
sedimentos terrestre que se le escapan al cuerpo tieso entre
halaridos de júbilo de cristianos violados y gemidos de ancianas
que en sus arrugas guardan esa verdad pudica que niegan
con los ojos y asienten con sus perversos muslos antiguos.

domingo, 14 de septiembre de 2008

horcas - argentina, tus hijos

Estalla un paro general
el pueblo ya no aguanta mas
reunión en la plaza central
la crisis nos inundara
Argentina, tus hijos ya no puedan mas
argentina, tus hijos mendigan el pan
Intentan sobrevivir
trabajo no hay en el país
piensan en la olla popular
los cerdos las tiraran
nos muestran su falsedad
los malditos que gobiernan
escapan a la verdad
cuando el pueblo se revela.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Mis Harapos



Canción



Música: Marino García

Letra: Alberto Ghiraldo






Caballero del ensueño, tengo pluma por espada,
mi palabra es el alcázar de mi reina la ilusión,
mi romántica melena, así lacia y mal peinada,
es más bella que las trenzas enruladas de Ninón.

Tengo un primo él es rico, poderoso y bien querido,
yo soy pobre, soy enfermo, pienso, escribo y sé soñar.
Y una noches, de ésas noches, tan amargas que he sufrido,
mis harapos con su smoking, se rozaron al pasar.

Mi miró como al descuido, no dejó su blanca mano,
se estrechara con la mía, contagiándole calor.
Él su smoking lo vestía ¡mi elegante primo hermano!
y alejóse avergonzado de su primo, el soñador.

El helado cierzo a ratos, arreciaba, incompasivo,
yo sentía frío adentro, frío afuera y todo así,
y arrimándome a una puerta rompí en llanto compulsivo
y llorando como un niño ¡como un hombre maldecí!

Vas rozando las hilachas de mis trágicos harapos
una mueca de ironía mi miseria le arrancó.
¡También ríen en los charcos los inmundos renacuajos
cuando rozan el plumaje de algún cóndor que cayó!

Arquetipo inconfundible de tartufos que disfrazan,
con el corte irreprochable de algún smoking o de un frac.
Tú eres, primo, el arquetipo, mis orgullos te rechazan,
¡déjame con mis harapos! ¡son más nobles que tu frac!...

lunes, 25 de agosto de 2008

Los Cantos de Maldoror

"Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma, igual que el agua impregna el azúcar."

Canto I Estrofa VI

Hay que dejarse crecer las uñas durante quince días. Entonces, qué grato resulta arrebatar brutalmente de su lecho a un niño que aún no tiene vello sobre el labio superior y, con los ojos muy abiertos, hacer como si se le pasara suavemente la mano por la frente, llevando hacia atrás sus hermosos cabellos. Inmediatamente después, en el momento en que menos lo espera, hundir las largas uñas en su tierno pecho, pero evitando que muera, pues si murieran, no contaríamos más adelante con el aspecto de sus miserias. Luego se le sorbe la sangre lamiendo sus heridas, y durante ese tiempo, que debería tener la duración de la eternidad, el niño llora. No hay nada tan agradable como su sangre, obtenida del modo que acabo de referir, y bien caliente todavía, a no ser por sus lágrimas, amargas como la sal. Hombre, ¿nunca has probado el sabor de tu sangre, cuando por accidente te has cortado un dedo? Es deliciosa ¿no es cierto?, porque no tiene ningún sabor. Además, ¿no recuerdas el día que, en medio de lúgubres reflexiones, llevabas la mano formando una concavidad hasta tu rostro enfermizo empapado por algo que caía de tus ojos; la cual mano se dirigía luego fatalmente hacia la boca que bebía a largos sorbos, en esa copa trémula, como los dientes del alumno que mira de soslayo a aquel que nació para oprimirlo, las lágrimas? Son deliciosas, ¿no es cierto?, porque tienen el sabor del vinagre. Se dirían las lágrimas de la que ama apasionadamente; pero las lágrimas del niño dan más placer al paladar. El niño no traiciona pues todavía no conoce el mal, mientras la que ama apasionadamente acaba por traicionar, tarde o temprano...lo que adivino por analogía, aunque ignoro qué son la amistad y el amor (y es probable que nunca los acepte, por lo menos de parte de la raza humana). Y ya que tu sangre y tus lágrimas no te disgustan , aliméntate, aliméntate con confianza de las lágrimas y la sangre del adolescente. Tenle vendados los ojos mientras tú desgarras su carne palpitante; y después de haber oído por largas horas sus gritos sublimes, similares a los estertores penetrantes que lanzan en una batalla las gargantas de los heridos en agonía, te apartarás de pronto como un alud, y te precipitarás desde la habitación vecina, simulando acudir en su ayuda. Le soltarás las manos de venas y nervios hinchados, permitirás que vean nuevamente sus ojos despavoridos , y te pondrás otra vez a lamer sus lágrimas y su sangre. ¡Qué auténtico es entonces el arrepentimiento! La chispa divina que existe en nosotros y que sólo muy pocas veces se revela, aparece demasiado tarde. Cómo rebosa el corazón al poder consolar al inocente a quién se ha hecho tanto daño: “Adolescente que acabas de sufrir dolores crueles, ¿quién ha sido capaz de cometer en ti un crimen que no sé cómo calificar? ¡desdichado de ti! ¡Cómo debes sufrir! ¡Si lo supiera tu madre, no estaría ella más cerca de la muerte, tan detestada por los culpables, de cuánto lo estoy yo ahora. ¡Ay! ¿Qué son entonces, el bien y el mal? ¿Son acaso la misma cosa que testimonia nuestra furibunda impotencia y el ardiente deseo de alcanzar el infinito por cualesquier medios, por insensatos que fueren? ¿O bien son dos cosas distintas? Si...es mejor que sean la misma cosa...porque de no ser así ¿Qué me ocurrirá el día del Juicio Final? Sagrado rostro, es el mismo que acaba de quebrar tus huesos y desgarrar esa carne que cuelga de diversos sitios de tu cuerpo. ¿Es acaso un delirio de mi razón enferma, es acaso un instinto secreto que escapa al control de mis razonamientos, y similar al del águila que desgarra su presa, lo que me ha impulsado a cometer este crimen? ¡Y con todo yo he sufrido a la par de mi víctima! Adolescente, perdóname. Cuando hayamos abandonado esta vida efímera, quiero que ambos formemos un único ser, tu boca íntimamente unida a la mía. Pero aún así mi castigo no será completo. Tendrás, además, que desgarrarme sin detenerte nunca, con los dientes y las uñas a la vez. Adornaré mi cuerpo con guirnaldas perfumadas para este holocausto expiatorio ; y entonces sufriremos los dos, yo por ser desgraciado, tú por desgarrarme...con mi boca unida a la tuya. ¡Oh, adolescente de cabellos rubios, de ojos tan dulces! ¿Harás ahora lo que te pido? Quiero que lo hagas a pesar tuyo, para que mi conciencia vuelva a ser feliz”. Después de hablar en estos términos, habrás hecho daño a un ser humano, pero al mismo tiempo serás amado por él; es la mayor dicha que pueda concebirse. Más adelante podrás internarlo en un hospital, porque el lisiado no podrá ganarse la vida. Un día te llamarán magnánimo, y las coronas de laurel y las medallas de oro esparcidas sobre el gran sepulcro ocultarán tus pies descalzos al rostro del viejo. ¡Oh tú, cuyo crimen no quiero escribir en esta página que consagra la santidad del crimen!, me consta que tu perdón fue inmenso como el universo. En cuanto a mí, todavía existo.


Isidore Ducasse, Conde de Lautreamont